Hidden en el fondo marino cerca de la costa atlántica de Francia, un largo muro de piedra está obligando a los arqueólogos a replantearse lo que los cazadores‑recolectores costeros podían organizar, construir y transmitir antes de que la subida del mar se tragara sus tierras.
Un enorme muro de piedra a 9 metros bajo el mar
La estructura se encuentra frente a la isla de Sein, en el extremo occidental de Bretaña, en unas aguas más conocidas por los marineros que por los arqueólogos. Primero llamó la atención en mapas detallados del lecho marino como un elemento sospechosamente rectilíneo que atravesaba un fondo por lo demás abrupto.
El geólogo francés Yves Fouquet detectó la anomalía mientras estudiaba datos de sonar. La línea parecía demasiado regular, demasiado deliberada, como para ser una cresta rocosa aleatoria. Esa pista desencadenó una serie de inmersiones entre 2022 y 2024.
Bajo unos 9 metros de agua, los buceadores hallaron un monumento inequívocamente construido por el ser humano: un largo muro de piedra, levantado sobre lo que antes fue tierra firme.
Con unos 120 metros de longitud, hasta 2 metros de altura y aproximadamente 20 metros de anchura en su base, el muro muestra una planificación cuidadosa y un trabajo pesado.
En su parte superior, decenas de bloques de granito se alzan en dos hileras casi paralelas. No son piedras pequeñas esparcidas por las olas. Muchas pesan varios cientos de kilos y han sido colocadas siguiendo un patrón regular. Esa disposición descarta un origen natural y apunta directamente a un esfuerzo constructivo colectivo.
Los datos de radiocarbono y de nivel del mar sitúan la construcción entre aproximadamente el 5800 y el 5300 a. C. Por entonces, la línea de costa era muy distinta. El nivel del mar en la región estaba unos 7 metros por debajo del actual, y la isla de Sein se extendía mucho más, quizá catorce veces su tamaño presente.
El muro se construyó en terreno seco, sobre una llanura costera baja. Solo siglos después el Atlántico avanzó tierra adentro, inundó el paisaje y ocultó el monumento bajo las olas.
Cazadores‑recolectores con talento para grandes proyectos
La datación de la estructura la sitúa al final del Mesolítico, justo antes de que la agricultura arraigara en Bretaña. Se suponía que aquella era la época de pequeñas bandas móviles de cazadores‑recolectores, que se desplazaban con las estaciones y dejaban tras de sí huellas ligeras.
El muro no encaja con ese estereotipo. Su longitud, sus bloques cuidadosamente alineados y el enorme peso de piedra implicado sugieren una mano de obra coordinada y un plan compartido que duró meses, quizá años.
El monumento sugiere comunidades costeras capaces de organizar grandes equipos, gestionar recursos y transmitir conocimientos técnicos complejos.
Ese nivel de organización resulta incómodo junto a la imagen antigua de grupos poco estructurados y en constante movimiento. Apunta a vidas más asentadas en costas productivas, con caladeros previsibles y campamentos estacionales recurrentes.
¿Para qué servía el muro?
Investigadores que escriben en el International Journal of Nautical Archaeology plantean varios usos posibles para la estructura. Ninguno es seguro todavía, pero destacan algunas ideas.
- Trampa costera para peces: Un muro largo podría haber guiado a los peces hacia zonas cerradas durante la bajamar, facilitando capturas masivas.
- Barrera litoral: Tal vez funcionó como una defensa marina primitiva, rompiendo el oleaje y protegiendo un asentamiento o una laguna a su espalda.
- Marcador territorial: El muro podría haber señalado derechos de acceso importantes a caladeros o puntos de desembarco.
Se conocen grandes diques de pesca de piedra (pesquerías) de épocas posteriores en el norte de Europa y Norteamérica. En esos sistemas, muros o cercas que cruzan zonas intermareales empujan a los peces hacia trampas a medida que baja el agua. El recién hallado muro bretón podría ser una versión temprana de esa misma lógica, construida por personas que comprendían íntimamente las mareas, las corrientes y las migraciones estacionales de los peces.
Otra posibilidad es que las comunidades ya estuvieran respondiendo a un mar que subía lentamente. El deshielo posglacial seguía alimentando los océanos. Las costas bajas, como la Bretaña occidental, sufrían una inundación gradual pero implacable. Un muro a lo largo de un tramo vulnerable podría haber frenado la erosión o haber resguardado una laguna utilizada como puerto seguro para embarcaciones.
Un paisaje tragado por el Atlántico
Hace siete mil años, el entorno de Sein habría parecido sorprendentemente verde y abierto. Aún no existían campos de cultivo, pero sí dunas, humedales y bahías someras ricas en marisco, peces y aves marinas. Es probable que pequeños grupos se movieran entre zonas interiores boscosas y la costa, siguiendo la caza y los recursos estacionales.
A medida que el nivel del mar seguía subiendo, esas tierras bajas y tranquilas se convirtieron en marismas y, finalmente, en fondo marino. Lugares de habitación, hogares, enterramientos y espacios de trabajo desaparecieron bajo la línea de agua. La mayoría de las estructuras de madera se pudrieron, dejando solo obras de piedra como este muro como pista.
El océano en ascenso no solo remodeló la costa; fue borrando lentamente capítulos de la historia humana, página a página.
El folclore bretón evoca a menudo ciudades sumergidas y tierras perdidas más allá de la costa actual. Algunos arqueólogos sugieren que esas leyendas podrían conservar ecos tenues de retiradas muy reales ante el avance del agua, repetidas durante generaciones y contadas mucho después de que el terreno original hubiera desaparecido.
Cómo la arqueología subacuática reescribe la prehistoria
El hallazgo cerca de Sein pone de relieve cuánta evidencia de la vida costera temprana se encuentra más allá de la línea de costa moderna. Durante décadas, la investigación prehistórica se centró en gran medida en cuevas, llanuras interiores y monumentos megalíticos como los famosos alineamientos de Carnac.
En cambio, los paisajes sumergidos eran más difíciles de estudiar. Requerían prospecciones con sonar, equipos de buceo especializados y ventanas de buen tiempo. A medida que mejoran las técnicas, estas zonas antes inaccesibles se están convirtiendo en algunas de las fuentes más ricas para entender la navegación temprana, la pesca y la adaptación climática.
De una señal de sonar a un monumento prehistórico
La investigación en torno al muro de piedra siguió una secuencia hoy clásica en la arqueología subacuática:
| Etapa | Qué ocurrió |
|---|---|
| Cartografiado remoto | Datos batimétricos de alta resolución revelaron una línea inusualmente recta en el lecho marino. |
| Inmersiones dirigidas | Equipos de buceadores inspeccionaron el lugar, documentaron las piedras y tomaron medidas. |
| Registro 3D | La fotogrametría y el vídeo ayudaron a reconstruir en tierra la disposición del muro. |
| Datación e interpretación | Se combinaron curvas del nivel del mar, muestras de sedimentos y arqueología regional para estimar la edad y la función. |
Esa mezcla de geología, arqueología y ciencia oceánica sustenta ahora muchos proyectos de investigación costera. Cada nueva estructura cartografiada en el fondo marino ayuda a construir una imagen más clara de cómo reaccionaron las personas ante los cambios ambientales hace miles de años.
Por qué esto importa en una era de subida del mar
Las costas modernas vuelven a enfrentarse a niveles de agua que suben lentamente, temporales más intensos y playas que retroceden. El muro de piedra bretón ofrece una perspectiva a largo plazo sobre cómo responden las sociedades cuando el borde de la tierra se vuelve inestable.
Las comunidades mesolíticas no tenían diques de hormigón, datos satelitales ni seguros contra inundaciones. Tenían observación cuidadosa, proyectos comunales y formas de vida flexibles. Ajustaban rutas de caza, trasladaban campamentos tierra adentro y, a veces, construían estructuras físicas para prolongar la habitabilidad de lugares valiosos.
El monumento cerca de Sein sugiere un paso intermedio: resistencia antes que retirada. La gente intentó gestionar la costa cambiante con piedra, conocimiento de las mareas y trabajo compartido. Puede que esa estrategia funcionara durante unas generaciones antes de que el océano acabara imponiéndose.
Términos clave e ideas que conviene aclarar
El yacimiento también acerca un par de términos técnicos a la conversación cotidiana:
- Mesolítico: la «Edad de Piedra media», un periodo entre el Paleolítico (cazadores de cuevas) y el Neolítico (primeros agricultores). En Europa occidental abarca aproximadamente del 10.000 al 5.000 a. C.
- Neolítico: la etapa en la que aparecieron la agricultura, las aldeas permanentes y, más tarde, monumentos como círculos y alineamientos de piedras. En Bretaña, la agricultura comienza hacia el 5.000 a. C.
- Paisaje sumergido: antigua tierra firme hoy bajo el mar, a menudo inundada por la subida del nivel marino tras la glaciación, que puede preservar paleocauces, bosques y estructuras humanas.
Pensar en el muro como parte de un paisaje sumergido ayuda a enmarcar el lugar no como una curiosidad aislada, sino como una pieza superviviente de un sistema costero mucho más amplio: caminos, campamentos, zonas de pesca y lugares rituales, todos ahora fuera de la vista.
Para cualquiera que visite hoy Bretaña, esta historia añade una capa más a un paseo ventoso por los acantilados. Justo más allá del rompiente, bajo unos pocos metros de agua fría del Atlántico, hay pruebas de que aquí ya se coordinaba trabajo, se leían las mareas y se trabajaba la piedra hace 7.000 años. La línea entre pasado y presente se vuelve más fina cuando se comprende que el mismo aumento del nivel del mar que se tragó su muro también avanza, centímetro a centímetro, hacia nuestras propias costas.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!
Dejar un comentario