Parents creen que solo están ocupando una tarde lluviosa. Los docentes los ven como un descanso de cinco minutos entre lecciones. Sin embargo, esos coloridos juegos de mesa, especialmente en la primera infancia, están moldeando silenciosamente cómo los niños entienden los números, las cantidades y el conteo.
Juegos que enseñan matemáticas en secreto
Un nuevo metaanálisis del HEDCO Institute de la Universidad de Oregón sugiere que algunos juegos de mesa muy comunes pueden reforzar habilidades matemáticas básicas en niños pequeños, desde la etapa de infantil hasta aproximadamente 2.º de primaria.
El equipo de investigación examinó 18 estudios independientes y 123 medidas diferentes del rendimiento infantil. Se centraron en los llamados juegos “lineales”, en los que los jugadores mueven una ficha a lo largo de un recorrido de casillas numeradas, normalmente tirando dados o robando cartas.
Los niños que juegan con regularidad a juegos de mesa sencillos de conteo tienden a mejorar en el conteo, el reconocimiento de dígitos y la conexión entre números y cantidades.
Estas mejoras se encuadran en lo que los investigadores llaman “numeracia”: la capacidad de comprender y trabajar con números en situaciones cotidianas. En los estudios revisados, la numeracia aumentó tras sesiones de juego relativamente cortas y estructuradas.
Diez minutos pueden marcar la diferencia
El hallazgo más llamativo tiene que ver con el tiempo. El metaanálisis indica que solo unas pocas sesiones de diez minutos pueden producir beneficios medibles y duraderos. Es mucho menos que la mayoría de tareas para casa o sesiones de refuerzo.
¿Por qué importan tanto actividades tan breves? Los investigadores señalan la repetición y el foco. En cada ronda del juego, el niño repite las mismas operaciones:
- Contar los puntos del dado
- Decir el número en voz alta
- Mover la ficha paso a paso
- Asociar la casilla alcanzada con su número escrito
Este ciclo refuerza las secuencias numéricas y la correspondencia uno a uno: la idea de que cada número contado se vincula a un objeto o a un paso. Con el tiempo, eso hace que las rectas numéricas y la aritmética básica resulten más intuitivas.
Por qué los juegos de mesa funcionan mejor que las fichas para algunos niños
Muchos niños se sienten ansiosos cuando los números aparecen en una ficha. En un juego, esos mismos números parecen menos amenazantes y más parte de una historia o un reto compartido.
Los juegos de mesa empaquetan la repetición dentro del juego, así que los niños practican habilidades matemáticas sin sentir que están haciendo “trabajo extra”.
Los investigadores destacan tres ingredientes clave que hacen que los juegos de mesa sean especialmente eficaces:
Repetición integrada sin aburrimiento
Cada turno repite tareas numéricas básicas: contar, comparar, sumar o restar una o dos casillas. Como el objetivo es ganar o llegar a la meta, los niños prestan atención y quieren intentarlo otra vez, incluso si fallan.
Este tipo de repetición sin presión ayuda a consolidar lo que el profesorado introduce en clase: leer numerales, entender el orden (qué viene antes o después de un número) y detectar patrones en el tablero.
Números concretos y visibles
Los tableros lineales con recorridos numerados hacen visible la idea abstracta de una “recta numérica”. Cuando un niño ve que el 6 está más adelante en el camino que el 3, empieza a comprender que los números representan posiciones y distancias, no solo símbolos en una hoja.
Mover una ficha hacia atrás o hacia delante también apoya ideas tempranas de suma y resta, mucho antes de que aparezcan ecuaciones formales en los libros.
Interacción social y lenguaje
Los juegos de mesa son, por naturaleza, sociales. A menudo un adulto o un niño mayor lee las reglas, modela el conteo y corrige errores con suavidad. Los jugadores hablan sobre de quién es el turno, cuántas casillas mover y quién va “por delante” o “por detrás”.
Esa conversación importa. El lenguaje alrededor de los números -“uno más”, “dos menos”, “antes”, “después”, “mayor”, “menor”- ayuda a los niños a construir estructuras mentales para conceptos matemáticos posteriores, como desigualdades, secuencias y operaciones básicas.
Qué encontró realmente el estudio de Oregón
El equipo del HEDCO Institute reunió resultados de 18 estudios con niños desde las primeras edades hasta aproximadamente los siete años. Compararon a niños que jugaron a juegos de mesa estructurados basados en números con otros que jugaron a otros tipos de juegos o siguieron las actividades habituales del aula.
El análisis mostró un aumento estadísticamente significativo del rendimiento matemático en niños expuestos a sesiones regulares y estructuradas de juegos de mesa.
Entre las habilidades más afectadas estaban:
- Contar hacia delante en el orden correcto
- Reconocer dígitos escritos
- Relacionar números con cantidades de objetos
- Comprender el orden de los números en una línea
Ciertas condiciones reforzaban el efecto. Las sesiones frecuentes, los tableros con líneas numéricas claras y ordenadas y la participación activa de un adulto amplificaban los beneficios.
| Factor | Papel en el aprendizaje |
|---|---|
| Duración de la sesión | Ráfagas cortas de unos 10 minutos mantenían alta la atención y baja la fatiga. |
| Diseño del juego | Los recorridos lineales con casillas numeradas funcionaban mejor que diseños caóticos o meramente decorativos. |
| Presencia adulta | La guía, la corrección suave y la conversación aumentaban los beneficios matemáticos. |
| Frecuencia | El juego semanal regular produjo mejoras más estables que sesiones puntuales. |
Del salón de casa al aula
Una razón por la que investigadores y docentes se muestran entusiasmados es la practicidad. Los juegos de mesa son baratos, fáciles de guardar y rápidos de preparar. Encajan en horarios escolares ajustados y en tardes familiares ajetreadas.
Un docente puede montar una estación de juego de diez minutos al inicio o al final de una clase con un pequeño grupo de alumnos. Las familias pueden sacar un juego sencillo de contar mientras se hace la cena, en lugar de entregar una tableta.
Integrar juegos de mesa en las rutinas diarias ofrece una forma de bajo coste y bajo estrés de reforzar el aprendizaje matemático mediante momentos compartidos.
Como los juegos se pueden adaptar -cambiando el dado, añadiendo reglas o modificando el recorrido- pueden acompañar el progreso del niño. Un niño de infantil puede centrarse en contar hasta seis. Un alumno de 1.º de primaria puede usar dos dados, sumar los resultados y mover esa cantidad total.
Ideas para familias y docentes
Para los adultos que no saben por dónde empezar, los investigadores sugieren fijarse en la mecánica principal más que en la marca. Los juegos eficaces para matemáticas tempranas suelen:
- Tener un camino o recorrido claro con casillas numeradas
- Usar dados, ruletas o cartas que exijan contar
- Animar a decir los números en voz alta
- Exigir mover las piezas paso a paso, no saltar al azar
Los clásicos juegos de “tirar y mover” pueden ser sorprendentemente potentes si un adulto introduce pequeños ajustes. Por ejemplo, pedir al niño que prediga dónde caerá su ficha antes de moverla, o que diga qué número es mayor después de cada movimiento.
Qué significa realmente la “numeracia” en niños pequeños
En los estudios aparece a menudo el término “numeracia”, que puede sonar abstracto. En la primera infancia abarca habilidades cotidianas como:
- Saber que tres objetos son más que dos
- Poder contar objetos sin saltarse ni repetir
- Reconocer dígitos comunes como 1–10
- Entender que los números siguen un orden fijo
Reforzar la numeracia en esta etapa no significa empujar a los niños a matemáticas formales antes de tiempo. Significa ofrecerles experiencias repetidas y lúdicas que hagan que los números resulten familiares y manejables.
Escenarios prácticos: cómo una noche de juegos apoya las matemáticas
Imagina a un niño de cinco años y a su padre o madre jugando a un juego sencillo de recorrido antes de dormir. El niño tira un dado, cuenta los puntos, dice “cuatro” y mueve la ficha una, dos, tres, cuatro casillas, pronunciando cada número en voz alta. El adulto corrige discretamente si se salta algún número.
A lo largo de varias noches, ese niño oye y usa la secuencia numérica decenas de veces. El recorrido muestra que la casilla 8 está más adelante que la casilla 5. Perder un turno o retroceder dos casillas introduce ideas de resta de forma natural.
Sin fichas ni ejercicios mecánicos, ese ritual relajado está construyendo una recta numérica mental y reforzando la confianza con los dígitos.
En el aula, un docente puede ir rotando a pequeños grupos por una mesa de juego mientras otros trabajan en actividades diferentes. El tiempo de juego también sirve para practicar habilidades sociales: respetar turnos, gestionar la frustración, negociar reglas y animar a los demás.
Equilibrar beneficios y límites
Los investigadores advierten que los juegos de mesa no son una solución mágica para cada niño con dificultades en matemáticas. Los tamaños del efecto encontrados en el metaanálisis son relevantes, pero moderados. Los juegos funcionan mejor como parte de una mezcla más amplia: buena enseñanza, apoyo específico y participación familiar.
También hay errores de diseño. Los juegos que dependen solo del azar, sin conteo ni decisiones numéricas, aportan menos valor de aprendizaje. Las reglas excesivamente complejas pueden abrumar a los jugadores más pequeños, convirtiendo una actividad positiva en una fuente de estrés.
Usados con criterio, los juegos de mesa tienen una ventaja particular: crean asociaciones emocionales positivas con las matemáticas. Un niño que se ríe con una tirada afortunada tiene menos probabilidades de ver los números como algo aterrador más adelante.
Para familias y centros con presupuestos ajustados, esa combinación de bajo coste, conexión social y beneficio educativo medible convierte a los juegos de mesa en una elección sorprendentemente estratégica. Un recorrido de cartón y un dado de seis caras nunca sustituirán a un buen docente, pero pueden dar a los niños más oportunidades para practicar, jugar y sentirse cómodos con los números desde los primeros años de aprendizaje.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!
Dejar un comentario