China ha comenzado a probar robots humanoides en un paso fronterizo estratégico con Vietnam, con la esperanza de que las máquinas puedan aliviar la congestión, apoyar los controles de seguridad y recopilar datos de forma discreta. La medida convierte un puesto relativamente corriente en un experimento en vivo de fronteras automatizadas.
Una ciudad costera se convierte en laboratorio de pruebas
El programa piloto se está llevando a cabo en Fangchenggang, una ciudad portuaria de la provincia de Guangxi, encajada junto a la frontera vietnamita en el sur de China. Cada día, camiones de larga distancia, autocares turísticos y viajeros de ida y vuelta cruzan por este paso, formando colas que en horas punta se alargan durante cientos de metros.
Para los guardias fronterizos chinos, la carga de trabajo es intensa. Deben inspeccionar mercancías, escanear documentos, responder a preguntas repetitivas y mantener a la gente en movimiento sin crear cuellos de botella. La presión ha aumentado a medida que el comercio transfronterizo con Vietnam se ha disparado en sectores como la agricultura, los bienes de consumo y la electrónica.
El paso fronterizo de Fangchenggang se ha convertido en un laboratorio en tiempo real, donde los funcionarios se preguntan si los robots humanoides pueden mantener el tráfico fluido sin comprometer el control.
La respuesta importa mucho más allá de este único puesto de control. Si el sistema funciona, el modelo podría copiarse en otros pasos con Vietnam y, más adelante, en aeropuertos, puertos marítimos y estaciones de ferrocarril seleccionados en toda China.
Conoce a Walker S2, el asistente fronterizo humanoide
Las máquinas desplegadas en Fangchenggang son robots Walker S2, fabricados por la empresa china Ubtech Robotics. Miden aproximadamente lo que un adulto, se desplazan sobre dos piernas y usan brazos y manos para manipular objetos y señalar direcciones.
A bordo llevan un conjunto de sensores y cámaras, conectados a software de inteligencia artificial que les permite interpretar su entorno y reaccionar ante las personas. No son androides futuristas de ciencia ficción, pero sí son mucho más humanoides que un quiosco estándar o una cámara en un poste.
El contrato fronterizo con Ubtech está valorado en torno a 37 millones de euros, lo que señala la disposición de Pekín a tratar a los humanoides como infraestructura seria, no como un gadget.
Las entregas ya han comenzado, aunque las autoridades chinas no han revelado cuántas unidades operarán finalmente en el lugar. Imágenes de un despliegue masivo de robots de Ubtech, alineados en filas ordenadas como una guardia ceremonial, han circulado ampliamente en internet, alimentando el debate sobre hacia dónde se dirige esta tecnología.
Qué hacen realmente los robots en la frontera
Las unidades Walker S2 están pensadas para asumir lo que los funcionarios describen como tareas «operativas»: labores repetitivas y de bajo nivel que hoy consumen el tiempo y la paciencia de los agentes.
Gestión de multitudes y preguntas
Dentro de las terminales de pasajeros, los robots humanoides se están utilizando para:
- Regular el flujo de viajeros que entran al control
- Dirigir a las personas hacia las colas correctas
- Responder a preguntas sencillas y frecuentes
- Repetir instrucciones básicas en varios idiomas
- Patrullar salas de espera y pasillos como presencia visible
En la práctica, esto significa que un robot puede situarse en un punto de embudo muy concurrido e indicar a la gente que prepare el pasaporte, rellene formularios o se coloque en el carril correcto mucho antes de llegar a un agente humano. El objetivo es reducir discusiones, confusión y tiempos muertos.
Las máquinas también pueden responder a consultas estándar: cuánto falta para pasar, a qué ventanilla acudir, qué documentos se requieren para determinados visados. El reconocimiento de voz y las pantallas táctiles permiten que los viajeros interactúen con ellos sin necesidad de descargar ninguna aplicación.
Patrullaje en las zonas de carga
Otras unidades Walker S2 se desplazan por las áreas de mercancías, donde camiones y contenedores pasan inspección.
Aquí no están abriendo físicamente los contenedores, sino utilizando cámaras y sensores para comprobar etiquetas, registrar condiciones y enviar imágenes o alertas a una sala de mando central. Actúan como ojos y oídos adicionales para los agentes, detectando anomalías o patrones irregulares que puedan justificar una inspección humana más exhaustiva.
Los robots realizan el escaneo constante de bajo nivel y el envío de mensajes, mientras que los agentes se centran en decisiones que todavía exigen juicio humano.
Una prueba de choque decisiva para Ubtech y para Pekín
Para Ubtech, Fangchenggang podría ser un punto de inflexión. La empresa necesita un éxito de alto perfil y en condiciones reales para demostrar que los robots humanoides pueden pasar de demostraciones tecnológicas a trabajo rutinario en servicios públicos.
Para las autoridades chinas, lo que está en juego es igual de importante. El ensayo fronterizo marcará cómo valoran estas máquinas en tres áreas sensibles: seguridad, eficiencia y percepción pública.
| Objetivo | En qué se fijan los funcionarios |
|---|---|
| Seguridad | Si los robots ayudan a detectar comportamientos sospechosos o cargas inusuales, y cuán fiables son sus alertas. |
| Eficiencia | Cambios en la longitud de las colas, el tiempo de tramitación y la carga de trabajo del personal en horas punta. |
| Reacción del público | Si los viajeros aceptan las máquinas, las ignoran o se sienten incómodos con su presencia. |
Si los guardias fronterizos informan de que los robots reducen el tiempo dedicado a repetir las mismas instrucciones o a mediar en disputas menores, aumentará la presión para ampliar el programa. Si la gente los percibe como inútiles, inquietantes o intrusivos, los planes podrían ralentizarse o desviarse hacia una automatización menos visible.
Por qué ahora, y por qué esta frontera
El momento no es casual. Varias tendencias confluyen a la vez.
Primero, el comercio fronterizo del sur de China con Vietnam se ha expandido rápidamente. Más mercancías, más trabajadores y más turistas significan más tráfico fronterizo y mayores expectativas de un tránsito fluido.
Segundo, Pekín ha dado un fuerte respaldo político a la IA y la robótica nacionales. Los robots humanoides, antes tratados como una curiosidad, ahora se presentan como una industria estratégica que podría apoyar la fabricación, la logística, la sanidad y la administración pública.
Tercero, Fangchenggang ofrece un banco de pruebas controlado pero realista: lo bastante concurrido como para generar datos rápidamente, pero no tan sensible políticamente como los aeropuertos de Pekín o los pasos de Hong Kong. Las autoridades pueden experimentar con patrones de despliegue, afinar el software y observar cómo responden distintos grupos.
El proyecto se sitúa en la intersección entre la política fronteriza, la política industrial y la frustración cotidiana por las largas colas.
Beneficios, riesgos y la vida diaria en una frontera automatizada
En el lado positivo, los robots humanoides pueden seguir trabajando con calor, humedad y turnos nocturnos sin perder la paciencia. No levantan la voz a los viajeros. Pueden transmitir el mismo mensaje de forma consistente en mandarín, vietnamita e inglés, reduciendo malentendidos.
También pueden ayudar a reducir la pequeña corrupción, ya que las preguntas rutinarias y la gestión de colas pasan a manos de máquinas menos propensas al favoritismo o a tratos extraoficiales.
Los riesgos se concentran sobre todo en los datos, el comportamiento y la dependencia. Robots con cámaras e IA pueden registrar no solo rostros y documentos, sino también patrones de movimiento y señales emocionales. Esa información puede ser valiosa para las fuerzas de seguridad, pero plantea inquietudes sobre cuánto tiempo se almacena y quién accede a ella.
Los viajeros podrían modificar su comportamiento al saber que están siendo observados constantemente por máquinas, incluso en las salas de espera. Algunos agradecerán el orden adicional; otros lo verán opresivo.
También existe el riesgo de una dependencia excesiva. Si los sistemas fallan durante tormentas, incidentes cibernéticos o simples fallos, los puestos fronterizos podrían encontrarse de repente con demasiado poco personal para gestionar las multitudes manualmente. Las autoridades necesitarán planes de respaldo y formación básica que mantenga afiladas las habilidades humanas.
Humanoides en el extranjero: lo que esto podría anticipar
El experimento de Fangchenggang encaja en una tendencia global más amplia. Aeropuertos desde Doha hasta Tokio ya utilizan robots para guiar a los pasajeros y limpiar terminales, aunque la mayoría son unidades con ruedas, no humanoides.
Si China demuestra que los humanoides bípedos pueden operar de forma estable en espacios abarrotados e impredecibles como los controles fronterizos, otros países podrían replantearse sus propios despliegues. Puertos, estadios, hospitales y grandes campus podrían convertirse en candidatos para sistemas similares que combinen gestión de multitudes, vigilancia y asistencia básica.
Por ahora, los robots Walker S2 en Guangxi funcionan como una especie de adelanto. Muestran cómo los Estados podrían fusionar infraestructura física con IA, trasladando tareas de vigilancia y servicio desde detrás de los mostradores a plataformas móviles con forma humana que pueden plantarse directamente frente a ti y preguntar hacia dónde vas.
La siguiente fase revelará si esas interacciones se sienten como ayuda, como una molestia o como algo más parecido a estar vigilado por un nuevo tipo de guardia que nunca parpadea.
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