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Por primera vez en 40 años, las aguas profundas de Panamá no emergieron a la superficie.

Persona toma muestras de agua en un lago desde un bote, con tubos de ensayo y un dispositivo de medición.

Justo antes del amanecer, el Pacífico frente a Ciudad de Panamá parece plano e inofensivo, una lámina de metal gris bajo un cielo que todavía intenta recordar sus colores. Las barcas pesqueras se mecen despacio en la penumbra, con los motores carraspeando al despertarse uno tras otro. Esta escena se repite desde hace décadas, casi como memoria muscular del propio océano. Por lo general, aguas frías y ricas en nutrientes ascienden desde las profundidades, alimentando peces, aves y personas en un ciclo tan regular que la mayoría de los vecinos apenas piensa en ello.

Y luego, de repente, este año, ese ritmo se desajustó.

Por primera vez en 40 años, las aguas profundas de Panamá no subieron a la superficie.

Nadie sintió un terremoto. Ninguna ola gigantesca rompió en la costa. Solo una ausencia silenciosa en el mar.

Cuando el océano se salta un latido frente a la costa de Panamá

En el muelle, la primera señal no fue una tormenta ni un pantalán roto, sino un cubo vacío.
Los pescadores del golfo de Panamá empezaron a volver con capturas más pequeñas y, después, con casi nada. Los destellos plateados habituales de anchoas y sardinas faltaban en las redes, como si alguien hubiera apagado discretamente la despensa del océano. Algunos patrones miraban el agua como si les hubiera traicionado, pasando las manos por la misma superficie que había alimentado a sus familias durante generaciones.

El mar seguía teniendo un aspecto normal. Solo se sentía extrañamente quieto.
Como una banda sonora que hubiera perdido su línea de bajos.

Oceanógrafos de la Autoridad del Canal de Panamá y de universidades locales fueron de los primeros en poner palabras y cifras a esa sensación. Los sensores fondeados mar adentro suelen detectar cada estación seca una subida de agua fría desde el fondo, un fenómeno conocido como afloramiento costero. Esa corriente es la razón por la que algunas mañanas el aire se siente más fresco, la razón por la que se arremolinan las aves marinas, la razón por la que el atún y el dorado siguen a los bancos de peces diminutos.

Este año, esos instrumentos contaron una historia tajante: el afloramiento, sencillamente, no apareció.
Las temperaturas superficiales se mantuvieron más cálidas de lo previsto, casi obstinadamente. Bajaron los niveles de nutrientes. El plancton -la base invisible de la cadena alimentaria- se redujo, como una ciudad que despierta y descubre sus supermercados medio vacíos.

Los científicos señalan una combinación de fuerzas globales y locales chocando a la vez. Un El Niño fuerte en el Pacífico tiende a calentar las aguas superficiales y a suprimir el afloramiento, y el episodio de 2023–2024 fue de los más intensos que se recuerdan. Al mismo tiempo, el calentamiento a largo plazo del océano significa que el agua profunda parte de una línea de base más alta, cambiando la facilidad con la que puede ascender.

Corrientes que antes se comportaban como ríos bien adiestrados se están volviendo más parecidas a arroyos caprichosos.
Lo que hace unas décadas era una anomalía rara ahora coquetea con convertirse en un patrón, y ese cambio es lo que quita el sueño a los investigadores.

Lo que este cambio silencioso del océano altera de verdad en tierra

Si vives lejos de Panamá, “no hubo afloramiento de aguas profundas” puede sonar a fallo técnico escondido en un informe científico. Sobre el terreno, huele distinto. Literalmente. En pueblos costeros del golfo de Panamá, los puestos de limpieza de pescado no zumbaban como antes en enero y febrero. Las neveras se quedaban medio vacías. Los restaurantes tiraban más de importaciones congeladas en lugar de pesca local recién traída.

Algunos días, el agua cerca de la costa se veía de un azul más oscuro y apagado, con menos aves sobrevolando. Esa sensación de que faltaba algo quedaba suspendida en el aire, como cuando se detiene de pronto un ruido de fondo familiar y te das cuenta de cuánto dependías de él.

Las historias locales guardan detalles que las cifras no terminan de captar. Un patrón en el pueblo de Punta Chame contó que gastó casi el doble de combustible buscando pesqueros que antes eran apuestas seguras. Siguió su GPS hasta las coordenadas de siempre y solo encontró anzuelos vacíos y hombres cansados. Una vendedora de marisco en Ciudad de Panamá reconoció que, en silencio, cambiaba su pizarra del menú, borrando “pesca fresca del día” más a menudo de lo que quisiera.

También hubo efectos en cadena sutiles: menos delfines cerca de la costa, pelícanos permaneciendo más tiempo en sus posaderos en vez de zambullirse, niños en la playa preguntando por qué los pescadores volvían tan temprano. Son las pequeñas alarmas a escala humana antes de que los gráficos se pongan al día.

Desde un punto de vista ecológico, lo ocurrido es casi brutalmente simple. El afloramiento es como una cinta transportadora de vida: sube agua fría y profunda, rica en nitratos y fosfatos; florece el plancton; comen los peces pequeños; les siguen los peces grandes; y economías costeras enteras viajan sobre ese ascensor invisible. Cuando la cinta se detiene, todo lo que hay encima se tambalea.

Los analistas advierten que fallos repetidos del afloramiento podrían reducir las poblaciones de peces con el tiempo, empujando a las especies a migrar y obligando a las comunidades a perseguirlas con recursos limitados. La seguridad alimentaria, los empleos locales y la biodiversidad regional dependen de este mecanismo silencioso mar adentro. Lo inquietante no es solo que fallara este año, sino que nadie puede decir con certeza cuándo -o con qué fuerza- volverá.

Cómo está respondiendo Panamá (y qué podemos aprender el resto)

Ante un océano cambiante, el primer movimiento práctico no fue un gran discurso, sino medir más. Boyas oceánicas, datos satelitales y perfiles de temperatura se convirtieron en compañeros diarios para investigadores y autoridades del canal. Vigilaban el mar como médicos que controlan un pulso frágil. Algunas cooperativas pesqueras ajustaron sus calendarios, retrasando ciertas salidas, probando nuevas profundidades, experimentando con distintos aparejos.

El Gobierno también empezó a apoyarse en herramientas de alerta temprana para anticipar olas de calor marinas y avisar a la pesca artesanal, aunque esos mensajes a veces sigan pareciendo torpes y tardíos. En los mejores días, la ciencia y el saber local empiezan a hablarse entre sí en lugar de hablarse de espaldas.

Para las comunidades costeras, adaptarse tiene menos que ver con eslóganes y más con decenas de decisiones pequeñas e imperfectas. Algunas familias diversificaron ingresos con turismo, guiando visitantes por manglares o en rutas de observación de aves en lugar de limitarse a excursiones de pesca. Otras probaron proyectos de acuicultura -cultivo de moluscos o algas que toleran aguas más cálidas- como plan B. También hay un hábito nuevo y discreto entre algunos pescadores jóvenes: consultar mapas de temperatura superficial del mar en el móvil antes del amanecer.

Todos hemos vivido ese momento en que una rutina conocida deja de funcionar de repente y tienes que improvisar, rápido. Seamos sinceros: nadie hace esto todos los días con la cabeza fría y una estrategia perfecta. La gente se adapta a ráfagas: a veces se resiste, a veces se precipita; a menudo solo intenta no perder demasiado en el proceso.

Un biólogo marino panameño lo resumió durante un taller en Ciudad de Panamá: “El océano con el que crecimos ya no está. No del todo, no para siempre, pero lo suficiente como para que no podamos fingir que esto es algo puntual. La pregunta no es si las aguas profundas volverán a subir -lo harán-. La pregunta es qué tipo de costa las estará esperando cuando lo hagan”.

  • Vigila las señales
    Sigue boletines oceánicos locales o regionales que compartan temperatura del mar y actualizaciones de El Niño. Son lecturas áridas, pero te dan ventaja antes de que los impactos lleguen a mercados y empleos.
  • Apoya medios de vida flexibles
    Proyectos que mezclen pesca, turismo y conservación pueden amortiguar el golpe cuando el océano tiene un mal año como este.
  • Apoya decisiones más inteligentes al comprar marisco
    A medida que las especies se desplazan y las temporadas cambian, elegir pescado variado y adaptado localmente ayuda a evitar presión excesiva sobre poblaciones ya estresadas.
  • Mantén la presión por la acción climática
    Estos cambios silenciosos mar adentro son otro argumento a favor de recortes de emisiones, no una nota a pie de página. El océano profundo nos está contando la historia por adelantado.

Lo que dice de nuestro futuro compartido una corriente ausente en Panamá

De pie en el Malecón de Ciudad de Panamá, con el tráfico rugiendo a un lado y la bahía extendiéndose al otro, cuesta creer que la ausencia de una corriente profunda e invisible pueda importar tanto. Sin embargo, los efectos de este movimiento perdido tocan el comercio global a través del Canal de Panamá, los platos locales en fondas de barrio y las aves marinas que trazan círculos lentos sobre buques portacontenedores.

Así es como cada vez más llegan las historias del clima: no con una única catástrofe dramática, sino con un patrón que se salta un latido tras décadas de silenciosa fiabilidad. Un año, las lluvias llegan tarde. Otro, el coral está más pálido. Esta vez, las aguas profundas no lograron subir.

Para quienes están lejos de Panamá, este episodio es una especie de adelanto. A medida que los océanos se calientan y los patrones de circulación se doblan, más regiones costeras verán tambalearse sus estaciones “normales”: la remontada de salmón que se reduce, el monzón que cambia de carácter, el viento que no se comporta. No son curvas abstractas en un gráfico; son cambios en el sabor, los ingresos y la rutina.

El golfo de Panamá acaba de vivir un momento sutil pero histórico: un récord de 40 años roto casi en silencio. La pregunta abierta es cuántos de estos “primeros” silenciosos registraremos, recordaremos y a los que responderemos. O si solo nos daremos cuenta cuando las redes y los platos estén vacíos de manera constante, y el mar que creíamos conocer se haya convertido, discretamente, en otra cosa.

Punto clave Detalle Valor para el lector
El afloramiento en Panamá falló por primera vez en 40 años Las aguas profundas frías y ricas en nutrientes no subieron a la superficie durante la temporada habitual Ayuda a entender cómo un cambio oceánico “técnico” puede alterar cadenas alimentarias y economías
Las comunidades locales notaron el cambio antes de que los datos se pusieran al día Menores capturas, menús modificados y salidas más largas al mar señalaron problemas pronto Muestra por qué atender a la experiencia vivida puede ser tan revelador como los gráficos científicos
La adaptación ya está ocurriendo, pero de forma desigual Están surgiendo más monitorización, medios de vida mixtos y cambios en prácticas pesqueras Ofrece ideas concretas y expectativas sobre cómo otras costas podrían responder a medida que se calientan los océanos

FAQ:

  • Pregunta 1 ¿Qué significa realmente en Panamá que “las aguas profundas no lograron subir”?
  • Respuesta 1 Significa que no se produjo el afloramiento costero habitual -cuando el agua fría y rica en nutrientes de las profundidades alcanza la superficie- durante la temporada típica, alterando la base de la red trófica marina.
  • Pregunta 2 ¿Esto se debe por completo al cambio climático?
  • Respuesta 2 Los científicos ven una mezcla de factores: un episodio fuerte de El Niño que, de forma natural, suprime el afloramiento, superpuesto al calentamiento oceánico a largo plazo vinculado al cambio climático de origen humano, que altera la facilidad con la que puede ascender el agua profunda.
  • Pregunta 3 ¿Cómo afecta esto a quienes no viven en Panamá?
  • Respuesta 3 Los cambios en el afloramiento pueden influir en poblaciones de peces que entran en mercados internacionales, afectar a la seguridad alimentaria regional y añadir estrés a sistemas globales como el Canal de Panamá, que ya afrontan presiones relacionadas con el clima.
  • Pregunta 4 ¿Volverán a subir las aguas profundas el año que viene?
  • Respuesta 4 Es probable que el afloramiento regrese, pero su calendario, intensidad y fiabilidad pueden seguir cambiando, sobre todo si los episodios de El Niño se vuelven más frecuentes o intensos y las temperaturas de base del océano continúan aumentando.
  • Pregunta 5 ¿Qué puede hacerse para reducir los riesgos de episodios como este?
  • Respuesta 5 Reforzar la monitorización del océano, apoyar medios de vida costeros flexibles y diversificados, elegir marisco de pesquerías bien gestionadas y promover políticas climáticas ambiciosas ayuda a reducir la vulnerabilidad cuando los viejos hábitos del océano empiezan a cambiar.

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