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Ni 65 ni 75: la normativa de tráfico ha fijado la verdadera edad máxima para conducir.

Mujer mayor sentada en el coche, lee un manual mientras está estacionada.

El anciano dudó un segundo de más con el semáforo en verde. Detrás de él, un joven repartidor tocó el claxon con fuerza, con la mano ya fuera de la ventanilla. La escena duró apenas diez segundos y, aun así, se notaba cómo la tensión vibraba entre los coches. Algunos vieron a un «anciano peligroso al volante». Otros vieron a un abuelo, desorientado por el deslumbramiento del sol y el enredo de señales.

Hablamos de la edad como si fuera una señal de límite de velocidad. 65, 70, 75… como si un número, por sí solo, pudiera decidir cuándo alguien debe entregar las llaves.

Entonces, ¿existe una edad real en la que el Reglamento de Circulación diga «alto»?

Entonces, ¿hay un límite oficial de edad para conducir?

Primer dato sorprendente: en la mayoría de países que siguen el modelo clásico del Código/Reglamento de Circulación, no existe una edad máxima fija para conducir. Tu permiso de conducir no caduca por arte de magia solo porque soples 70 velas. Legalmente, lo que importa más que el número de tu tarta de cumpleaños es tu capacidad para conducir con seguridad un día determinado.

La edad se vigila de cerca, por supuesto. Las autoridades de tráfico registran estadísticas de siniestralidad por franjas de edad. Las aseguradoras ajustan sus tarifas en silencio. Las familias susurran en la cocina sobre «cómo conduce mamá». Pero la ley en sí misma, en muchos lugares, no llega a decir: «A esta edad, debes dejar de conducir».

La norma real es más resbaladiza que eso.

Pensemos en el caso de Margaret, 82 años, de un pueblo pequeño a las afueras de Mánchester. Su permiso sigue siendo válido. Nunca ha tenido un accidente, ni siquiera un golpe leve. Conduce dos veces por semana: al supermercado y a su club de bridge. Evita conducir de noche y las rotondas grandes a propósito.

Ahora compárala con Louis, 58, que conduce largas distancias por trabajo, bebe un poco más de la cuenta y mira los correos mientras va por la autopista. Estadísticamente, ¿quién es realmente más peligroso?

Esa es la verdad oculta detrás del Reglamento de Circulación: no «juzga» a las personas mayores como grupo. Observa factores de riesgo, no solo arrugas. El cuerpo envejece, pero el comportamiento, los hábitos y la salud dibujan una imagen mucho más clara que la fecha de un pasaporte.

Entonces, ¿por qué seguimos oyendo hablar de 65, 70 o 75 como si fueran puntos de corte oficiales? Porque otras normas gravitan alrededor de esas edades. Revisiones médicas, renovaciones del permiso, umbrales de seguro o políticas de empresa para conductores profesionales suelen activarse a partir de ahí.

Muchos países utilizan los 70 o 75 como disparador de revisiones médicas o renovaciones del permiso más frecuentes. El Reglamento de Circulación en sí suele mantenerse neutral, pero las capas administrativas y médicas que lo rodean crean una presión muy real.

La auténtica «edad límite» no es un número estricto: es el momento en el que tus capacidades ya no encajan con las exigencias del tráfico moderno. Y ese momento puede llegar a los 50 para algunos, y después de los 85 para otros.

¿Cómo deciden realmente las autoridades cuándo alguien debe dejar de conducir?

Si no hay un techo de edad absoluto, algo tiene que llenar ese vacío. Ese «algo» suele ser una mezcla de evaluaciones médicas, controles de visión, pruebas de reacción y normas de renovación del permiso que se vuelven más estrictas tras cierto cumpleaños. El Reglamento de Circulación establece el marco, pero los profesionales sanitarios a menudo tienen el veto silencioso.

En la práctica, el proceso suele activarse por una de estas tres cosas: un evento de salud, una declaración del conductor o un informe tras un incidente. Un ictus, mareos repetidos, una pérdida importante de visión o un deterioro cognitivo pueden desencadenar una revisión médica.

Suena duro. Pero para las autoridades, la seguridad vial no se negocia.

Imagina a Daniel, 74 años, que ha sufrido un ictus leve. Su médico está obligado a valorar su aptitud para conducir. No como castigo, sino como medida de protección. Le envían a una evaluación especializada: agudeza visual, campo de visión, tiempo de reacción, coordinación y, a veces, incluso una prueba real al volante con un instructor.

El informe vuelve: puede seguir conduciendo, pero solo de día y no por autopistas. Es un compromiso. Legalmente, conserva el permiso. En la práctica, su «territorio» de conducción se reduce. Se siente aliviado y frustrado a la vez.

Muchos mayores no hablan de estas restricciones. Ajustan sus hábitos en silencio, cambian rutas o renuncian a conducir de noche sin llegar a decir en voz alta: «Ahora tengo miedo».

Sobre el papel, este sistema es lógico. Las leyes de seguridad vial se centran en la capacidad funcional, no en los cumpleaños. Un texto legislativo no puede adivinar si tu vista seguirá siendo buena a los 80 o si tus reflejos se ralentizarán a los 60. Así que delega ese juicio en médicos y evaluadores de conducción.

Pero hay una brecha entre la ley y la vida real. No todos los conductores de riesgo son evaluados. Algunos mayores siguen adelante pese a señales de alarma evidentes. Algunas familias tienen demasiado miedo al conflicto como para decir nada. Seamos sinceros: nadie hace esto a diario. Rara vez la gente «se autoevalúa» al volante con una honestidad brutal.

El Reglamento de Circulación ha decidido a su manera, discretamente: el límite está donde el riesgo supera al control. Lo difícil es admitir cuándo has cruzado esa línea invisible.

¿Qué puedes hacer realmente mientras tú (o tus padres) seguís conduciendo pasados los 65?

El mejor «método» no es un número mágico: es una revisión periódica de tres áreas sencillas: ojos, cerebro y cuerpo. Ojos para visión y percepción de profundidad. Cerebro para atención, memoria y velocidad de decisión. Cuerpo para movilidad, fuerza y rotación del cuello.

Un gesto muy concreto: programa una prueba visual completa cada uno o dos años a partir de los 60, no solo una revisión rápida de gafas. Pregunta por visión nocturna, sensibilidad al deslumbramiento y visión periférica. Estas pequeñas mediciones a menudo revelan el momento en que tu comodidad al conducir empieza a deteriorarse.

Si detectas ese momento a tiempo, puedes adaptarte antes de que la carretera lo haga por ti.

Hay otro lado, más emocional: aceptar cambiar rutas, horarios o hábitos. Muchos conductores mayores se aferran a las autopistas o a las rotondas concurridas simplemente porque siempre las han usado. Pasarse a carreteras más lentas, salir más temprano o hacer trayectos más cortos puede sentirse como una derrota.

Sin embargo, cualquier conductor con experiencia sabe que el orgullo es un copiloto terrible. Si en mal tiempo aprietas demasiado el volante, si evitas giros a la derecha cruzando tráfico, si llegas agotado tras un trayecto corto, esas son luces de aviso en tu cuadro de instrumentos mental.

No estás solo en esto. Todos hemos estado ahí: ese momento en que la carretera se siente un poco más rápida que antes, y fingimos no notarlo.

«La edad por sí sola no decide cuándo debes dejar de conducir», explica un investigador en seguridad vial. «Lo que de verdad importa es la combinación de salud, autoconciencia y el valor de adaptarse. Algunas personas conducen con más seguridad a los 80 que otras a los 50».

  • Vigila las señales tempranas
    Más sustos, que te piten a menudo, dificultades para calcular distancias o perderte en rutas conocidas no son simples «despistes». Son señales para bajar el ritmo y hablar con un médico o un instructor de conducción.
  • Usa evaluaciones profesionales
    Muchas regiones ofrecen evaluaciones para conductores mayores: sesiones cortas con instructores que prueban tus reflejos y dan una valoración honesta. Se trata menos de «aprobar o suspender» y más de saber en qué punto estás.
  • Planifica un aterrizaje suave, no un frenazo
    En lugar de conducir con normalidad un día y dejarlo al siguiente, reduce gradualmente: nada de viajes nocturnos, evita autopistas, comparte la conducción con la familia, explora taxis o transporte compartido. El día que por fin dejas las llaves duele menos cuando no llega como un shock.

La auténtica «edad límite» es distinta para cada persona

Al final, el Reglamento de Circulación no señala los 65 o los 75 como un muro. Dice en voz baja algo más incómodo: el límite está donde tus capacidades ya no te mantienen a ti y a los demás a salvo. Ese momento no aparece en el calendario. Aparece en cómo agarras el volante, en cómo temes ese cruce complicado, en lo que tus pasajeros no se atreven a decir en voz alta.

Las familias a menudo se encuentran en una zona gris. Demasiado pronto para decir «para», demasiado tarde para no decir nada. Los médicos se convierten en árbitros, la ley queda al fondo y las llaves del coche se transforman en símbolo de libertad o de miedo. Conducir nunca es solo cuestión de normas. Es dignidad, independencia y confianza.

Hablar de esto antes de la crisis, cuando todos aún se sienten escuchados, quizá sea la única forma real de elegir juntos esa «edad límite», en vez de esperar a que lo decida por ti la sirena de una ambulancia.

Punto clave Detalle Valor para el lector
No existe una edad legal fija límite La mayoría de reglamentos/códigos de circulación no establecen una edad máxima para conducir como 65 o 75 Reduce el miedo a una prohibición automática basada solo en la edad
La aptitud importa más que la edad La capacidad médica, la vista, los reflejos y el comportamiento guían la decisión real Ayuda a centrarse en lo que sí se puede comprobar y mejorar
Preparar una transición gradual Adaptar rutas y horarios, y compartir la conducción antes de dejarlo del todo Hace que dejar el volante sea menos traumático y más seguro para todos

FAQ:

  • ¿Hay una edad legal a la que deba dejar de conducir?
    En la mayoría de países, no hay una edad máxima fija escrita en el Reglamento de Circulación. Tu permiso sigue siendo válido mientras cumplas los requisitos médicos y legales de aptitud.
  • ¿Por qué se habla de 70 o 75 como «edades límite»?
    Esas edades suelen activar renovaciones más frecuentes del permiso, revisiones médicas o cambios en el seguro, lo que crea la impresión de un corte legal.
  • ¿Puede un médico obligarme a dejar de conducir?
    Un médico puede declararte no apto para conducir por motivos médicos y puede estar obligado a comunicarlo a las autoridades, que pueden restringir o retirar tu permiso.
  • ¿Qué señales sugieren que debería replantearme conducir?
    Confusión frecuente, perderse en rutas conocidas, sustos, dificultades con señales de tráfico o una ansiedad intensa al volante son señales de alerta.
  • ¿Cómo puedo hablar con un progenitor sobre dejar de conducir?
    Empieza pronto, usa ejemplos concretos en vez de acusaciones, implica a su médico si es posible y ofrece alternativas reales (trayectos compartidos, taxis, servicios de reparto) para que no se sienta abandonado.

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