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A partir de los 70, no solo paseos diarios o gimnasio: este tipo de movimiento puede mejorar notablemente tu salud y calidad de vida.

Persona mayor ejercitándose en parque con conos naranjas, junto a otra persona sentada en un banco observando.

Empieza con un sonido que no esperas a las 8 de la mañana en una calle residencial tranquila: música con graves, tenue pero insistente, latiendo desde un garaje abierto. Dentro, tres personas de setenta y tantos se deslizan de lado entre conos de tráfico naranjas, riéndose como críos a los que acaban de pillar haciendo pellas.

Sin esterillas de yoga. Sin elípticas. Solo un banco de trabajo descolorido, un par de sillas de plástico y marcas de X pegadas con cinta en el suelo.

No están contando pasos, ni kilómetros, ni “minutos activos”. Están practicando algo que sus nietos hacen sin pensarlo.

Y quizá sea el verdadero secreto para seguir vivo y con la mente ágil después de los 70.

El patrón de movimiento que casi dejamos de usar después de los 40

Entra en cualquier parque a primera hora de la mañana y verás la misma escena: personas mayores caminando con determinación por el sendero, brazos en movimiento, auriculares puestos, contadores de pasos parpadeando. Caminar reconforta. Es predecible. Hacia delante.

Sin embargo, a medida que envejecemos, un patrón crucial casi desaparece de la vida diaria: moverse en múltiples direcciones, no solo en línea recta. Pasos laterales. Pasos hacia atrás. Girar, pivotar, alcanzar cruzando el cuerpo. Esa forma desordenada e imprevisible de moverse que tienen los niños cuando juegan al pilla-pilla en el patio.

Pasados los 70, este movimiento “multidireccional” o de tipo agilidad se va apagando sin hacer ruido. Y esa pérdida quizá nos esté costando más años de vida sana e independiente de lo que pensamos.

Pregunta a cualquier fisioterapeuta que trabaje con personas mayores qué suele preceder a una caída grave. No dirán “falta de 10.000 pasos”. Dirán algo como: “Se giró rápido para contestar el teléfono y el pie no acompañó”. O: “Dio un paso lateral para esquivar al perro y perdió el equilibrio”.

Un estudio español con adultos mayores de 70 encontró que quienes más dificultades tenían con los pasos laterales y los giros eran quienes presentaban mayor riesgo de caída en los tres años siguientes. No los que caminaban más despacio. Los que no podían manejar pasos laterales.

Esa habilidad diminuta e invisible -desplazar el peso, rotar las caderas, cambiar de dirección- puede decidir si alguien sigue viviendo en casa o necesita cuidados de larga duración tras un solo mal paso.

Desde el punto de vista del cuerpo, la lógica es sencilla. Caminar y las sesiones en cinta entrenan sobre todo el sistema de “hacia delante”: los mismos músculos, la misma dirección, el mismo patrón. Genial para el corazón, menos genial para el equilibrio reactivo.

El movimiento multidireccional activa los estabilizadores alrededor de caderas y tobillos, afina el sistema de equilibrio del oído interno y obliga al cerebro a coordinar decisiones rápidas con pies torpes. Es como pedirle a tu sistema nervioso que se mantenga joven.

Por eso, muchos investigadores dicen ahora, en voz baja, que trabajar la agilidad puede ser tan protector para los años de vida saludable como el cardio. No porque queme más calorías, sino porque mantiene a tu cerebro y tu cuerpo “hablando” entre sí cuando la vida se sale del guion.

Cómo “entrenar la agilidad” después de los 70 sin sentirse ridículo

Agilidad después de los 70 no significa hacer escalera de velocidad ni saltar vallas. Puede empezar con algo tan pequeño como un baile junto a la encimera. Ponte de frente a la encimera, con una mano apoyada suavemente. Da un paso lateral con el pie derecho y luego junta el izquierdo. Vuelve. Repite.

Luego juega con las direcciones: lado, lado, atrás, atrás. O delante, lado, atrás, lado. El objetivo no es la velocidad. Es cambiar de dirección manteniéndote relajado y respirando.

Un patrón sencillo tres veces por semana, dos o tres minutos cada vez, construye la habilidad de base: tu cuerpo aprende que puede desplazar el peso y recuperar, sin entrar en pánico.

A muchas personas mayores se les congela el gesto al oír “agilidad”. Suena a algo que se pierde con las primeras gafas de lectura. O a algo reservado a atletas, no a quienes se ahogan subiendo escaleras.

La verdad es que tu punto de partida puede ser rodear una mesa de centro en vez de arrastrarte recto pasando de largo. O girar en un círculo lento y deliberado sujetándote al respaldo de una silla. Seamos sinceros: nadie hace esto todos y cada uno de los días. Nos acostumbramos a nuestros pequeños caminos seguros hacia delante.

El miedo a caerse es real, y reduce las opciones de movimiento. Trabajar con variaciones pequeñas y controladas es una forma de plantar cara a ese miedo, sin fingir que tienes 25 años otra vez.

Los especialistas en movimiento para mayores suelen repetir una frase simple: “No dejas de moverte porque envejeces; envejeces porque dejas de moverte de formas distintas”. Escuece un poco, porque se siente verdad en las rodillas y en la cabeza.

  • Empieza con apoyo
    Usa una pared, una encimera o una silla estable mientras pruebas pasos laterales y hacia atrás, para que el cerebro pueda relajarse y aprender.
  • Piensa “pequeño, y luego un poco menos pequeño”
    Empieza con movimientos diminutos y, semana a semana, ensancha suavemente los pasos o añade una dirección extra.
  • Usa ejercicios de la vida real
    Practica los movimientos que realmente necesitas: girarte para alcanzar un armario, esquivar a una mascota dormida, retroceder desde el fregadero.
  • Convierte las rutinas en juegos
    Pega trozos de cinta en el suelo formando un signo de más y “visita” cada línea con los pies, diciendo la dirección: delante, atrás, izquierda, derecha.
  • Apunta a la variedad, no a la perfección
    Algunos días tambalearás; otros te sentirás coordinado. Ambos tipos de días cuentan para tu sistema nervioso.

Una forma diferente de imaginar los cuerpos que envejecen

Cuando empiezas a fijarte, lo ves en todas partes: el hombre de 78 que esquiva sin esfuerzo a un niño pequeño en el pasillo del supermercado, y la mujer de 72 que casi se cae cuando alguien golpea su carrito. La misma década, un vocabulario de movimiento completamente distinto.

Esto no va de motivación o fuerza de voluntad. Va de si la vida cotidiana obliga silenciosamente a tu cuerpo a moverse en tres dimensiones, o si todo se ha estrechado hasta convertirse en pasillos rectos, trayectorias predecibles y rutinas cuidadosamente controladas.

Abrir de nuevo ese rango -con ejercicios tipo juego, clases suaves de agilidad o “circuitos” improvisados en el salón- tiene menos que ver con estar en forma y más con la dignidad. Poder girar, retorcerse, apartarse y recuperar el equilibrio es lo que te permite decir que sí a viajar, a cenas familiares multitudinarias, a aceras mojadas después de la lluvia.

Punto clave Detalle Valor para el lector
La agilidad importa más que la velocidad Cambiar de dirección, dar pasos laterales y girar predice mejor la función diaria y el riesgo de caída que solo el ritmo al caminar. Te ayuda a centrar tu tiempo limitado de ejercicio en lo que realmente protege la independencia.
Los ejercicios pequeños superan a los entrenamientos heroicos Pequeñas tandas de pasos multidireccionales en casa, varias veces por semana, pueden entrenar el equilibrio y la coordinación. Hace que el movimiento sea realista e integrable en la vida diaria, incluso con fatiga, dolor o poca motivación.
La vida cotidiana puede ser “entrenamiento” Subir escaleras, rodear muebles y moverse jugando con los nietos cuenta como práctica de agilidad. Te permite ganar años de vida saludable sin equipamiento especial ni cuota de gimnasio.

FAQ:

  • Pregunta 1 ¿Qué es exactamente el “entrenamiento de agilidad” para alguien mayor de 70?
  • Respuesta 1
    Para las personas mayores, agilidad significa practicar cambios de dirección seguros y controlados: pasos laterales, giros, pivotes y, a veces, pasos hacia atrás. Se trata menos de velocidad y más de mantener la estabilidad mientras los pies y los ojos se mueven en direcciones distintas.
  • Pregunta 2 ¿Es seguro si ya tengo problemas de equilibrio?
  • Respuesta 2
    Sí, si lo adaptas bien y usas apoyo. Empieza sujetándote a una encimera o barandilla, mantén los movimientos muy pequeños y practica en un espacio sin obstáculos. Si has tenido caídas recientes, habla con un fisioterapeuta y pide ejercicios multidireccionales adaptados.
  • Pregunta 3 ¿Con qué frecuencia debería hacer estos movimientos para notar un cambio?
  • Respuesta 3
    La mayoría de estudios sobre equilibrio y agilidad en personas mayores usan dos o tres sesiones por semana. Incluso cinco minutos cada vez, tres días a la semana, pueden empezar a reentrenar tu sistema nervioso en unos pocos meses.
  • Pregunta 4 ¿Puedo sustituir caminar por trabajo de agilidad?
  • Respuesta 4
    Caminar sigue apoyando la salud del corazón, el estado de ánimo y la movilidad articular. Piensa en la agilidad como la pieza que falta, no como un reemplazo. Un paseo corto más unos minutos de pasos con cambios de dirección es una combinación potente para ganar años de vida saludable.
  • Pregunta 5 ¿Y si me siento ridículo haciendo esto en casa?
  • Respuesta 5
    Sentirse torpe es normal cuando recuperas una habilidad olvidada. A mucha gente le resulta más fácil convertirlo en un juego: poner música, seguir un patrón sencillo en el suelo o implicar a otra persona. Esa sensación de “ridículo” suele desaparecer a medida que vuelve la confianza.

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